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Cabeza de Hispania

La “Cabeza de Hispania”, es un hermoso busto femenino en mármol procedente del yacimiento romano de Munigua (Mulva), cercano a Villanueva del Río y Minas, actualmente depositado en el museo arqueológico de Sevilla. Este excepcional busto fue encontrado en 1960, en la piscina del frigidario de las termas. Este busto despertó un especial interés. Tras un documentado análisis se estableció como representación más probable la de una ninfa o tal vez la de Afrodita/Venus, inserta dentro del programa escultórico del edificio termal. El tamaño de este busto es de 38 cm de alto, 22 de ancho y 23 de fondo.

Cabeza de Hispania

Mulva - Munigua

A unos 8 Kms. hacia el Norte, en las primeras estribaciones de la Sierra Morena sevillana, hayamos la silueta de una de las ciudades romanas más bellas e insólitas de todas las encontradas en la Península Ibérica: Munigua - Municipium Flavium Muniguense.

A diferencia de otros núcleos de poblamiento de la Bética, Munigua sólo cuenta con dos periodos de ocupación: uno prerromano, desde el siglo IV a.C. hasta la época de Augusto; y otro ya plenamente romano, que se extiende hasta el siglo VI d.C. Se conservan de ese primer asentamiento restos de los trabajos de sus habitantes: la fundición de hierro.

El urbanismo que se diseña y se conserva para esta ciudad comienza a realizarse en época de Augusto (27 a.C. 14 d.C), prolongándose hasta finales del siglo I y principios del siglo II. La mayoría de los edificios civiles y religiosos, entre los que destacan el Santuario, corresponden al último tercio del siglo I. Este auge constructivo se atribuye principalmente al cambio de estatus jurídico que el municipio sufre.

El emperador Vespasiano (69-79 d.C) les concede el derecho latino y eleva la ciudad a la condición de Municipio, con todo lo que ello representa desde el punto de vista administrativo. Esta relación con el Imperio romano queda reflejada en la placa de bronce, tessera de hospitalidad, que los muniguenses realizan con Augusto a través de cuestor Sexto Curvio Silvino. Gracias a este documento y por medio del toponímico que en él se menciona, conocemos el nombre de la ciudad Municipio Flavio Muniguense.

La ciudad tuvo su máximo apogeo en el siglo II. Se ha constatado ocupación islámica hasta el siglo XIII. Entre los restos de lo que fue Munigua, destacan el santuario de Mulva que corona esta colina sagrada, el foro y la basílica, casas, termas y la necrópolis.

Enclave y construcción

La razón por la que Munigua se enclava en este espacio geográfico está en relación con la explotación de las minas de cobre y de hierro de esta zona.

Los materiales cerámicos más antiguos localizados en el yacimiento son cerámicas púnicas del siglo VII a. C. Estos pocos fragmentos no demuestran, por el momento, la existencia de un asentamiento de esa cronología. El grueso de los materiales prerromanos están relacionados con el poblado ibérico sobre el que se asienta la que luego fue la ciudad romana. El poblado, situado en lo más alto de la colina, fue derribado para la construcción del Santuario de Terrazas, ya en pleno siglo I d.C.

Si bien algunos de los restos arquitectónicos hoy visibles se corresponden con edificaciones de época augustea, la mayoría de los edificios públicos y religiosos se levantan durante el último tercio del siglo I. El auge constructivo de la ciudad coincide con la concesión a Munigua, por parte del emperador Vespasiano, del estatus de municipio. A finales del siglo III la ciudad sufrió un terremoto que marcó el comienzo de su declive.

Durante el siglo I a C y la primera mitad del siglo I d. C. se ha documentado actividad minera en lo que posteriormente fueron las termas, el foro y las conocidas casas 1 y 5. La ocupación se extiende hasta lo alto de la colina. Estas últimas edificaciones fueron derruidas para construir el Santuario.

Desde mediados del siglo I d. C. y hasta finales de siglo II, se procede a la construcción de los edificios más emblemáticos de Munigua, de entre los que destaca, por su singularidad, el Santuario en terrazas, construido alrededor de 70 d. C.

Del siglo I son las termas que se remodelan durante la construcción del Foro, levantado a finales de ese siglo.

En el siglo III un terremoto afectó de lleno a la ciudad de Munigua. Se han documentado daños en las casas así como en el Foro y en el Pórtico de dos pisos.

La muralla de Munigua, ya en el siglo III en ruinas, es una obra cuando poco curiosa por cuanto nunca se terminó ya que el lado occidental no se llegó a cerrar. Otra de sus particularidades es que su trazado coincide con la línea de necrópolis de la ciudad y su construcción afectó de lleno las necrópolis de los frentes Sur y Este, lo que originó que algunas de las tumbas quedaran incluidas, incomprensiblemente, en el interior del pomerium. Los tramos excavados arrojan una cronología circa último tercio del siglo II d.C.

Las termas

La figura que nos ocupa, la "Cabeza de Hispania", fue encontrada en las termas, las cuales se localizan en el ángulo Norte de la base de la colina municipal. Forman parte de la misma manzana que el Foro. La construcción de esta plaza cercenó una parte de su lado Sur.

Se construyeron a mediados del siglo I d. C. y ya a finales de ese siglo sufrieron su primera transformación, durante la construcción del Foro. Durante los siglos II y III también sufrieron varias modificaciones. Una de las que más afectó a la planta fue la construcción del ninfeo abierto al apodyterium (vestuario) que se surtía de agua a través de una tubería de plomo. El agua caería en cascada por los peldaños construidos en ese ábside. Sobre la tubería se conserva la base de lo que se ha interpretado como un suelo para situar una estatua, la "Cabeza de Hispania" que apareció en el frigidarium (sala de agua fría). Hoy en día a las termas de Munigua se accede por este frigidarium. Al oeste de esta habitación se localiza el apodyterium y, a continuación, el ninfeo. Al Norte del apodyterium se levantaba el caldarium (sala de agua caliente) que no conserva su suelo por lo que es perfectamente visible su hypocaystum (infraestructura destinada a la circulación del aire caliente). En las siguientes salas se sitúan los hornos.

Al Norte del frigidarium hay una serie de estancias construidas en un momento posterior. En una de ellas se localiza un pozo de agua.

Las termas estaban decoradas con pinturas murales.

La Cabeza de Hispania

Esta excepcional escultura cuenta con dos partes: el busto, presente en la colección Francisco Gago, y el cuerpo de la ninfa. 

Estas dos partes fueron encontradas en distintos momentos, la cabeza en 1960, en la piscina del frigidario de las termas, y el torso, veinticuatro años después, desplazado a 25 metros en una dependencia aneja. El busto despertó un especial interés, proponiendo como representación más probable la de una ninfa o tal vez la de Afrodita/Venus, inserta dentro del programa escultórico del edificio termal.

Se trata de una figura femenina desnuda, de rasgos idealizados, representada con larga cabellera lisa. El rostro de facciones suaves, expresa cierta frialdad, mirando hacia su parte izquierda.
Esta estatua que iría sujeta a un muro por la zona del costado derecho, donde conserva cuatro orificios con restos de espigas metálicas, además de una tajadura longitudinal para encajar sobre la pared. Asimismo toda la zona posterior se encuentra a medio desbastar, todo ello indicio de que fue una imagen para ser admirada de frente. Bajo la axila izquierda presenta otro orificio, destinado quizá al soporte del brazo que iría separado del cuerpo. A la altura de los hombros se aprecian restos de cabello en forma de toscas ondulaciones.

Es una figura que data del siglo II

Os dejamos un pequeño video de la recreación 3D de la Cabeza de Hispania.

Cabeza de Hispania