Mosaico del pájaro y las flores

Cuando los romanos fueron conquistando a lo largo del siglo II a. C. las regiones de Asia Menor y de Grecia, la obra de mosaico era ya común en todo el mundo de habla griega. El arte del mosaico pasó con facilidad al orbe romano comenzando así un género artístico-industrial, del que hicieron una verdadera especialidad. Se extendió de tal forma que puede decirse que no hubo casa o villa romana donde no hubiera mosaicos.

Los romanos construían los mosaicos con pequeñas piezas llamadas teselas, de ahí que se refiriesen a ellos también como opus tessellatum. Las teselas son piezas de forma cúbica, hechas de rocas calcáreas o material de vidrio o cerámica, muy cuidadas y elaboradas y de distintos tamaños. El artista las disponía sobre la superficie, como un puzzle, distribuyendo el color y la forma y aglomerándolas con una masa de cemento.

Los mosaicos eran para los romanos un elemento decorativo para los espacios arquitectónicos. Llegó a ser un arte tan apreciado y difundido que en el siglo III el emperador Diocleciano promulgó un decreto en el que estableció el precio que los artistas podían dar a sus obras, según los grados de calificación previa. Cuando en el año 330 el emperador Constantino trasladó la capital del Imperio romano de Oriente a Bizancio, otorgó bastantes facilidades y favoreció el éxodo a los maestros griegos y romanos fabricantes de mosaicos (llamados mosaistas). En Bizancio el arte del mosaico se unió con la tradición oriental y dio lugar a una evolución que se distinguió sobre todo por el uso muy generalizado de grandes cantidades de oro.

Al principio, cuando el arte del mosaico empezó a desarrollarse en Roma, se hacía sobre todo para decorar los techos o las paredes y pocas veces los suelos porque se tenía miedo de que no ofreciera suficiente resistencia a las pisadas. Pero más tarde, cuando este arte llegó a la perfección, descubrieron que se podía pisar sin riesgo y comenzó la moda de hacer pavimentos de lujo. Los mosaicos como pavimento eran para los romanos como puede ser una alfombra persa y de alta calidad en los tiempos modernos.

El mosaico del pájaro y las flores

En el año 1987 Francisco Gago, y dado su amor por el arte romano y en especial a los mosaicos, ideó crear un mosaico original que presidiese su colección.

Primero ideó el diseño del mismo, creando el dibujo en papel a tamaño real y en blanco y negro y con todo lujo de detalle.

Una vez finalizado el dibujo, y tal y como indicaban las técnicas romanas, fue cortando y puliendo cada una de las piezas empastándolas como hacían los romanos. El color de cada una de las partes sólo las conocía él, llegando al detalle máximo de cada una de las figuras reflejadas.

Detalle del mosaico del pájaro y las flores

Como se puede apreciar en la imagen, no hay dos teselas iguales lo cual demuestra la dificultad de llevar a cabo esta obra arte.

El mosaico, refleja a un pájaro rodeado de flores y apoyado sobre una de las ramas. La escena se sitúa en primavera, con las plumas y las flores en su máximo esplendor.

 

El mosaico consta de 15.000 teselas, y el artista dedicó dos años de su vida a completarla.

En la actualidad preside la colección Francisco Gago, siendo la obra original de referencia Francisco Gago.