La historia de los Fumie

Un fumie (踏み絵 fumi "pisar" + e "imagen") era una figura de Jesucristo o la Virgen María sobre la cual las autoridades religiosas del Shogunato Tokugawa de Japón exigían a los sospechosos de ser cristianos (Kirishitan) pisar con el pie, como signo de desprecio, y así probar que no eran miembros de esa religión proscrita en aquellos tiempos en Japón. El uso de los fumie comenzó con la persecución de cristianos en Nagasaki en 1629. Su uso se abandonó oficialmente cuando los puertos fueron abiertos a los extranjeros el 13 de abril de 1856, aunque algunos se siguieron usando hasta que la enseñanza cristiana recibió protección formal durante la Era Meiji

Religión "retorcida"

Nagasaki, una importante ciudad portuaria, fue introducida al cristianismo por primera vez en 1560, cuando los misioneros jesuitas de Portugal comenzaron a llegar a Japón.

El portugués era en ese momento uno de los imperios marítimos más grandes del mundo, con bases por todas partes desde África hasta Asia.

Los misioneros jesuitas trabajaban para convertir a los señores feudales de la zona, algunos de los cuales reconocían que convertirse a esta religión extranjera podría servirles para obtener el apoyo comercial de los portugueses.

A muchos campesinos bajo estos señores feudales también los trataron de convertir a esta religión y, para comienzos del siglo XVII, la ciudad se había vuelto la "Roma de Japón".

"Ningún otro lugar de Japón fue tan cristiano como Nagasaki"

En su mayor momento de gloria, había cerca de 500.000 personas en la ciudad que se identificaban como cristianas.

Pero con el tiempo, las autoridades políticas de Japón decidieron que el rápido crecimiento de esta religión representaba una amenaza para el gobierno central, y por ello decidieron tomar medidas enérgicas para acabar con ella.

"Querían librarse del cristianismo, pero también sacar a los extranjeros que creían eran una amenaza política para la seguridad del Estado. Las dos cosas estaban relacionadas", explica Paramore.

En la última mitad del siglo XVI, 26 misioneros extranjeros fueron crucificados en Nagasaki. Esto marcó el principio de lo que sería un largo período de persecución contra los cristianos.

En 1614 se prohibió la religión explícitamente, a lo que siguió la expulsión de los misioneros extranjeros.

Aquellos que se negaban a irse fueron arrestados, asesinados o forzados a abandonar su religión.

Japón ingresó en un período de aislamiento, cortando el contacto con casi todos los otros países bajo el gobierno de ese momento (a cargo de Tokugawa Shogunate).

Torturados una y otra vez

Alrededor de 1620, las autoridades decidieron que no era suficiente librarse de los líderes religiosos.

Tenían que encontrar una forma pública de arrancar la religión del corazón de la gente.

¿La solución? Los fumie

Eran imágenes de Cristo o de María hechas de latón, a veces montadas sobre tablas de madera.

Cada residente de Nagasaki tenía que cumplir con la práctica de pararse sobre el fumie.

Rapidamente se convirtió en una costumbre que se repetía cada comienzo de año.

Los cristianos que se negaban a hacerlo era asesinados o, más comúnmente, torturados.

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Se estima que cerca de 2000 personas murieron como mártires, por negarse a renunciar a su fe.Otros fingían que ya no eran creyentes, y lo seguían siendo en secreto.

A esas personas más tarde se las conoció como kakure kirishitan o cristianos ocultos.

Paradoja

Hacia finales del siglo XIX, Japón decidió abrir nuevamente sus fronteras.

En 1858, la práctica de pisar los fumie fue prohibida en Nagasaki.

En 1873, la larga prohibición del cristianismo en Japón se levantó, más de dos siglos después de que se decretara.

Cuando Japón abrió nuevamente sus fronteras, cerca de 20.000 cristianos reaparecieron y salieron de su escondite.

"En ese sentido, los fumie fueron efectivos. Se pasó de tener 500.000 cristianos a 20.000".

Hoy día, solo cerca del 1% de la población de Japón (126 millones) son cristianos.

De las comunidades que profesan dicha fe en el país, la de Nagasaki es la más grande.

Una de las paradojas es que si todos los japoneses católicos se hubiesen negado a pisar el fumie y hubiesen elegido morir como mártires, el cristianismo hubiera desaparecido del país.

"Es solo porque algunos tomaron la decisión existencial de pisar el fumie, a pesar de creer que esta acción era un pecado grave, que el cristianismo pudo sobrevivir en Japón".