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Hércules

Hércules, Heracles para las griegos, es la figura mitológica de historia más extensa y complicada. Sus múltiples hazañas van desde Fenicia hasta Gibraltar pasando por todas las comarcas mediterráneas.

Origen

Zeus ideó dar a los hombres un héroe nacido de su sangre. Para realizar este designio, eligió a Alcmena, esposa de Anfitrión, rey de Tebas.

Zeus decendió del Olimpo y, aprovechando la ausencia de Anfitrión, que había partido e una expedición de guerra, tomó su forma y ocupó su lugar en el lecho de Alcmena. Aquella misma noche regresó Anfitrión al hogar y a los brazos de su mujer. De la doble unión concibió Alcmena a dos gemelos: Heracles, engendrado por Zeus, e Ificles, hijo de Anfitrión.

El nombre de Heracles significa "gloria de Hera". Pero al nacer no se llamó así, sino Alcides, por su abuelo paterno Alceo. El nombre de Heracles le fue impuesto más adelante por Apolo.

El Nacimiento de Hércules

Cuando Zeus se vanaglorió antes los inmortales con las siguientes palabras, según Homero: "Oídme todos, dioses y diosas, para que os manifieste lo que en el pecho mi corazón me dicta. Hoy Ilitia, la que preside los partos, sacará a luz un varón que, perteneciendo a la familia de los hombres engendrados de mi sangre, reinará sobre todos sus vecinos". Hera, enfurecida por los celos, hizo jurar a Zeus que el que naciese ese día reinaría sobre sus vecinos, y luego mandó a Ilitia que retrasase el alumbramiento de Alcmena, y apresurase el de la esposa de Esténelo, de Argos, la cual dio a luz a Euristeo.

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Heracles y la Via Láctea

Alcmena temió el enfado de Hera y por esto hizo abandonar al niño en medio de los campos. Hermes lo recogió, lo llevó al Olimpo y, malicioso, sabiendo que Heracles podía ser inmortal si mamaba del pecho de Hera, su enemiga, lo puso junto al pecho de la diosa dormida, la cual despertó y, prendada del pequeño, le ofreció uno de sus senos, pero él lo chupó con tal fuerza que Hera lo apartó con violencia. La leche, al brotar del divino pecho y derramarse por el firmamento, dejó un reguero que se llama la Vía Láctea.

Megara y los hijos de Heracles

Creón sucedió en el trono de Tebas a Anfitrión, que había muerto luchando contra Ergino. En gratitud con Heracles, Creón dio en matrimonio a su hija Megara, con quien Heracles tuvo varios hijos. En un acceso de locura provocado por Hera, Heracles mató a todos sus hijos porque HEra hizo creer a Heracles que eran hijos Euristeo, quien, ayudado por Hera, reinaba en Argos en vez de él, como había sido el designio de Zeus. Vuelto a la cordura por la intervención de Atenea, Heracles reconoció su crimen, se vio mancillado por la sangre de sus hijos y se dirigió a Delfos para purificarse en el templo de Apolo. El dios le ordenó, como expiación,  que se dirigiera a Tirinto se pusiera al servicio de Euristeo durante doce años.

Heracles cumplió la orden. Euristeo, temeroso de que le arrebatase el trono, la impuso, para mantenerlo alejado, los famosos Doce Trabajos:

1. El león de Nemea

2. La hidra de Lerna

3. El jabalí de Erimanto

4. Las aves de Estinfalia

5. La corza de Cerinea

6. Los establos de de Augias

7. El toro de Creta

8. Las yeguas de Diomedes

9. El cinturón de Hipólita

10. Los bueyes de Gerión

11. Las manzanas de oro de las Hespérides

12. El Cerbero

Las hazañas y aventuras de Hércules no acabaron con estos Doce Trabajos, siendo incontables hasta su muerte y apoteosis.

La muerte de Heracles

Deyanira, mujer de Heracles, se enteró de la amorosa pasión de Heracles por Yola. Atormentada por los celos, recordó las últimas palabras del centauro Neso. Mojó una túnica en la sangre de Neso para que la llevara a su esposo. Pero el centauro había obrado con perfidia: su sangre era una ponzoña mortal. Apenas Heracles se había puesto la túnica, sintió en todo su cuerpo un ardor insoportable. Pronto el sufrimiento fue tan horrible que Heracles, fuera de si, agarró a Licos por los pies y lo arrojó al mar. Trató en vano de arrancarse la túnica que lo consumía; sólo logró desgarrarla y con los pedazos de la tela arrancaba trozo de su carne. Se arrojó a un riachuelo tratando de apagar el fuego que lo devoraba y murió ahogado. El agua de aquel arroyo se calentó y conservó para siempre el calor. Este es el origen de las Termópilas, donde todavía existe una fuente de aguas termales.