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Augusto. Hispania tras la victoria romana

En la entrada anterior del blog vimos como Augusto luchó con los cántabros y los astures hasta derrotarlos, pero el norte de Hispania no estaba en absoluto pacificado. En el año 22 a.C., cántabros y astures se rebelaron de nuevo y Augusto hubo de volver a movilizar a sus legiones. Fue entonces cuando tuvo lugar el trágico episodio del monte Medulio, en el que lo guerreros alzados contra Roma, viéndose acorralados, prefirieron suicidarse antes que rendirse. Ante las continuas rebeliones, en el 19 a.C. Augusto mandó a Hispania a su yerno Marco Vipsanio Agripa con la misión de lograr una total pacificación. Los métodos de Agripa fueron brutales, de forma que los cántabros preferían darse muerte a sí mismos o a sus familiar antes que caer en manos de los romanos.

Teatro Romano de Mérida

La organización de Hispania

Poco después de que Agripa concluyera su misión en Hispania, Augusto realizó una gira por la Galia e Hispania entre los años 16 y 13 a.C., procediendo a una profunda reorganización del territorio hispano como continuación de la labro comenzada por su padre adoptivo Julio César y para la que contó con la ayuda, una vez más, del imprescindible Agripa, que ya tenía experiencia en la organización del territorio galo. Fue entonces (y no en el año 27, como se ha creído tradicionalmente) cuando Augusto estableció una nueva división de Hispania basada en tres provincias: Tarraconense, Lusitania y Bética. Nuevas ciudades, carreteras y construcciones monumentales cambiaron en unos años la faz de la Península, que quedó integrada por completo en el naciente Imperio romano.

Algunas de las ciudades fundadas por Augusto se situaron en la zona noroeste recién quistada, donde sirvieron no sólo para garantizar el dominio militar de Roma, sino también para vertebrar un territorio que era especialmente rico en yacimientos auríferos. Tal fue el caso de Asturica Augusta (Astorga), Lucus Augusti (Lugo) y Bracara Augusta (Braga), bautizadas con el nombre del emperador. Para organizar el territorio hispano, Augusto trazó el esqueleto de una red de comunicaciones que uniría las ciudades más importantes de la Península. Atendiendo a estas razones se fundó Caesaraugusta (Zaragoza) en el valle del Ebro, a través del cual se aseguraba la penetración desde Tarragona hasta el norte y noroeste peninsular. La unión del sur y el norte quedó reforzada por la vía de la Plata, que enlazaba Augusta Emerita (Mérida) y Astorga. En el arco mediterráneo, Augusto realizó reformas en la vía Heraclea, que unía Gades (Cadiz) con Tarragona y desde entonces ese camino pasó a llamarse vía Augusta.

Emerita Augusta

La ciudad de los veteranos

El ejemplo más claro del nuevo urbanismo promovido por Augusto se encuentra en Mérida. La nueva colonia convertida en capital de la provincia de Lusitania, fue poblada por los veteranos de las legiones V y X que habían combatido contra los cántabros, entre quienes se distribuyó una importante extensión de campos de cultivo que se adscribieron a la nueva ciudad. La colonia se proyectó como un espejo de Roma en Hispania; de hecho, se emplazó en un punto a orillas del río Anas (Guadiana) que contaba con una isla en medio que hacía más fácil el paso y recordaba a la isla Tiberina de Roma. La ciudad adquirió muy pronto un carácter monumental. Entre el año 16 y 15 a.C. se inauguró un teatro financiado por Agripa, posible patrono de la ciudad, al que seguirían un anfiteatro  construido en el 8 a.C. y un circo erigido en época de Tiberio (14 - 37 a.C.), el sucesor de Augusto en el trono imperial. Puede destacarse también el pórtico del foro de la colonia, con su ático decorado con clípeos o medallones de Júpiter Amón y Medusa separados por cariátides, en lo que constituía una imitación del pórtico del foro de Augusto en Roma, que también fue el modelo de la decoración del foro provincial de Tarragona. Además, la colonia agradeció la protección que le dispensaron Agripa y otros miembros de la familia imperial incluyendo sus estatuas en la pared interior del pórtico del foro.

Busto de Augusto

El dios Augusto

Las colonias fundadas por Augusto en Hispania tuvieron un destacado papel en el desarrollo del culto imperial, que actuaría de elemento cohesionador a los largo de todo el Imperio. En el año 15 d.C., poco después de la muerte de Augusto, se erigió en Tarragona el primer templo dedicado al culto del soberano, que serviría de modelo para el resto del Imperio. Mérida no quiso ser menos y a comienzos del reinado de Tiberio erigió el que se conoce como templo de Diana, que es considerado en realidad un ejemplo más de templo dedicado al culto imperial. También en el teatro de Mérida se veneraba a Augusto en una especia de capilla situada en el eje central del monumental pórtico con jardín detrás de la escena. De ahí procede la conocida cabeza del emperador, representado ya en edad madura, con la cabeza cubierta con el velo de pontífice máximo, que formaba parte de una estatua de cuerpo entero que no se ha conservado.

Templo de Diana

Fue así como siguió presente el influjo protector de Augusto en Hispania: a través de templos y estatuas colocadas en lugares públicos de forma que todo pudieran admirar a un hombre que no sólo trajo la paz al someter a los indómitos pueblos del norte, sino que también introdujo la civilización y la prosperidad, cambiando para siempre el modo de vida de la población Hispana.