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Augusto, el hijo de César

Muerte de Julio César

En el año 44 a.C., Julio César fue asesinado. Los senadores, incluyendo a Marco Junio Bruto y Casio Longino, conspiraron contra César y se reunieron en el Teatro de Pompeyo para apuñalarlo hasta la muerte en los, ahora infames, Idus de Marzo (15 de marzo). El grupo de senadores acorraló a Julio César y lo apuñalaron, uno por uno, De esta forma, no había únicamente un asesino que pudiera ser responsabilizado por el acto.

La muerte de Julio César provocó un gran impacto en todo el mundo romano. El futuro de Octavio dependía del apoyo de Julio César, y en estos momentos se veía muy incierto. De hecho, su seguridad como uno de los más altos tenientes de César estaba en riesgo.

Sin embargo, Julio César tenía una última sorpresa reservada para Roma y su sobrino-nieto. Había quedado tan impresionado por el joven durante el tiempo que pasaron juntos en Hispania, que cuando regresó a Roma hizo en secreto un nuevo testamento y lo dejó con las Vírgenes Vestales para su custodia. Este documento nombraba a Octavio como heredero y sucesor elegido de Julio César.

Vuelta a Roma

El regreso a Roma en ese momento representaba un serio riesgo para Octavio, quién fue advertido por algunos consejeros, incluyendo a su padrastro, del peligro de volver a una ciudad que se había vuelto contra su patrón. Octavio, sin embargo estaba decidido a regresar cuando se enteró del contenido del testamento de César. Se dirigió a Roma para reclamar su herencia y, al hacerlo, entró en una nueva fase de su vida. Cuando llegó a Roma, descubrió que él no solo había sido nombrado como el sucesor del líder, sino que también había sido legalmente adoptado por César como hijo. Octavio tomó el nombre de Cayo Julio César y se llamaba comúnmente César.

César Octavio Augusto

Lucha por el poder

Marco Antonio

Esta noticia, fue un desagradable shock para el co-cónsul de Julio César, Marco Antonio, que se había hecho cargo de sus bienes. Marco Antonio esperaba ser el heredero del difunto líder, que no tenía hijos legítimos. Marco Antonio había ganado el apoyo popular y había logrado despertar la ira pública contra los asesinos de Julio César con un poderoso discurso pronunciado en el funeral de César, obligando a Bruto y a Casio a salir de la ciudad. Con este movimiento, Marco Antonio estaba en camino de asegurar su propio derecho a reclamar el poder.

La llegada de Octavio perturbó los planes de Marco Antonio, y así comenzó una larga lucha por el poder. Marco Antonio permitió que Octavio asumiera las responsabilidades de Julio César y pagara sus legados al pueblo romano, pero no quiso liberar ninguno de los fondos de César, así que Octavio tuvo que encontrar el dinero por si mismo.

La naturaleza decidida de Octavio se impuso en este punto crucial de su carrera. Necesitando dinero, reclamó los fondos que César había reservado para su guerra planeada con Partia sin permiso del Senado. También se hizo cargo de las fuerzas militares que César había reunido para el conflicto, reforzando sus propias tropas con los militares leales a César. Comenzó a atraer a muchos de los partidarios de César y reunió un formidable ejercito. Con el dinero y el ejercito detrás de él, Octavio regresó a Roma para enfrentarse a Marco Antonio en el 44 a.C.

Regreso a Roma

Cuando Octavio llegó a Roma, se dio cuenta de que Marco Antonio estaba en una posición cada vez más precaria. Él estaba tratando de mantenerse en los favores del público romano y de representar al partido Cesariano (partidarios de Julio César) mientras se mantenía a la derecha del poderoso Senado y lidiaba con la continua amenaza de aquellos que estaban preocupados de que él estaba acumulando demasiado poder de forma muy rápida, siguiendo muy de cerca los pasos de Julio César. Habiendo hecho todo lo posible para socavar el reclamo del poder por parte de Octavio, Marco Antonio decidió que era mejor para él dejar Roma y partir a la Galia Cisalpina, donde había planificado convertirse en el Gobernador. Sin embargo, la provincia estaba bajo el control de uno de los hombres involucrados en el asesinato de Julio César, Décimo Junio Bruto Albino (Décimo Bruto). El traspaso de poder no ocurrió, y los dos hombres fueron a la batalla, enfureciendo al Senado.

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La batalla contra Marco Antonio

Octavio fue nombrado miembro del Senado y se le dio el poder de comandar las tropas para que pudiera ir y unirse a Décimo Bruto para derrotar a Marco Antonio. Al hacer esto, Octavio formó una alianza con Marco Emilio Lépido, un poderoso candidato que había sucedido a Octavio como sumo sacerdote en el Colegio de los Pontífices. El senado reaccionó a esta victoria decisiva contra Marco Antonio, recompensando a Décimo Bruto e ignorando en gran medida la parte de Octavio en el proceso. Como resultado, Octavio se negó a seguir ayudando al Senado y en cambio marchó a Roma y exigió que fuera el sucesor de los cónsules que habían muerto en la batalla. Esto fue inicialmente rechazado, pero cuando se enfrentó a la fuerza militar de Octavio, el Senado no tuvo más remedio que elegir a Octavio para el puesto de cónsul, junto a su pariente, Quinto Pedio.

El segundo Triunvirato

La única manera de que la batalla por el poder entre Octavio y Marco Antonio se resolviera, poniendo fin a las guerras civiles que habían plagado Roma desde la muerte de César, era que se formara una alianza. Ninguno de los dos tenía el poder de dominar completamente, especialmente bajo el ojo cuidadoso del Senado. Se dispuso que los tres hombre, Octavio, Antonio y Lépido, se reunieran en Bolonia y encontraran un camino a seguir. El 27 de noviembre del 43 a.C., se estableció el Segundo Triunvirato. Este era un medio por el cual los tres hombres podían compartir el poder y fue diseñado para durar cinco años para restablecer el control a través de los territorios romanos. Mientras que Bruto y Casio todavía tenían el poder en el este, los tres líderes, conocidos ahora como los Triunviros, dividieron entre ellos el territorio occidental. Aunque esto les proporcionó cierta seguridad frente a la amenaza que se planteaban mutuamente, también los hizo vulnerables a las desafíos de otros personajes poderosos o privados que se oponían pública o privadamente al nuevo régimen.

El otro problema que enfrentaba el Triunvirato era el de las finanzas: se necesitaba dinero para financiar la guerra planeada contra Bruto y Casio, tanto para vengar la muerte de Julio César como para asegurar sus provincias.

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La solución vino a ser conocida como las proscripciones. Se elaboró una lista (bastante larga) de hombres que cualquiera de los Triunviros podía considerar enemigos. El conflicto podía ser político, público o personal. En esta lista, había 300 senadores y 2.000 caballeros (posición social justo abajo de los senadores), entre muchos otros. Los que estaban en la lista estaban proscritos. Todos sus bienes fueron confiscados, y los que no escaparon fueron asesinados. Era relativamente fácil poner a la población en contra de los proscritos simplemente ofreciendo recompensas por su captura. Esto eliminó a los enemigos y a los potenciales alborotadores mientras se llenaban las arcas del Triunvirato que pudieran financiar sus ejércitos.

Octavio se encontraba en una nueva, pero aún difícil, posición. El triunvirato era un delicado equilibrio de poder compartido que dependía de la confianza entre hombres que tan recientemente habían sido enemigos. Fue extraordinariamente útil para Octavio convertirse -a todos los efectos- en el hijo de un dios.