Los Pueblos Ibéricos (Parte II)

Los pueblos ibéricos. Estructura social

Todas las poblaciones de los pueblos ibéricos, y otras muchas de menos entidad, se estructuraban en un sistema social basado en líneas generales de la tribu, en torno a ciudades incipientes, algunas de las cuales tuvieron un gran desarrollo, con su realeza dominante y sus grupos sociales.

Dado el carácter guerrero de los pueblos ibéricos ningún otro pueblo les podría haber vencido si hubieran sido capaces de haberse unido, y el mejor ejemplo lo tenemos con Roma, que tuvo la necesidad de derrotar una a una a cada una de las tribus. Parece evidente que, salvo en contadas excepciones y por intereses bien concretos, los pueblos ibéricos no se sentían pertenecientes a un pueblo común.

La existencia de la realeza entre los Íberos parece indiscutible y probablemente más marcada en las zonas meridionales. Los textos se refieren en muchas ocasiones a la monarquía turdetana, identificando al rey de una ciudad como dominador y señor de un territorio bastante extenso. Ciertamente puede verse en esos datos la tradición de la monarquía tartéssica, pero todo hace pensar que el mecanismo entre los turdetanos no fue exactamente el mismo, con el concepto de ámbito extenso organizado al modo de un "imperio" que habitualmente se quiere dar al reino de Tartessos, y que probablemente tampoco es cierto; entre los turdetanos parece más verosímil la existencia de una situación de enfrentamiento entre ciudades cuyos respectivos reyes ostentarían el poder y dominarían aquellos territorios conquistados con sus ciudades sometidas.

La estructura del poder real íbero sin duda estaba matizada según regiones, tribus e incluso ciudades. Mientras que el poder del rey parece bastante fuerte en los territorios meridionales, hacia los orientales y septentrionales da la sensación que su capacidad de control quedaba mediatizada por la existencia de una fuerte aristocracia con poder político, e incluso en algunos casos, el de Sagunto resulta ser el mejor conocido, por un Senado: según Polibio, el Senado saguntino llegó a tener una Constitución que hacía cumplir a todos los ciudadanos. Evidentemente debió estar formado exclusivamente por los notables de la ciudad, y los habitantes asistían a las deliberaciones sin, al parecer, opinar. Todo parece indicar que Sagunto seguía un modelo Helénico, probablemente imitado de las próximas Ampurias o Marsella, y con él llego a crear una autentica ciudad-república aristocrática.

Bicha de Balazote, arte íbero

Los grupos sociales, y no clases en el sentido actual de la palabra, se organizaban en dependencia del poder económico, político y militar de la comunidad. Se conoce bien la existencia de un grupo social dominante, el de los régulos, y sin duda hay que suponer una amplia nobleza aristocrática con poder militar y económico, muy helenizada en sus gustos, y cuyos miembros se entierran en ricas tumbas con ajuares que trasladan ritos y mitos funerarios griegos.

Exvoto ibérico

Los guerreros debieron tener también una consideración importante, lo que se explica perfectamente en una sociedad muy militarizada que hizo de la guerra una frecuente forma de vida, bien como tropas mercenarias, bien para dirimir sus habituales conflictos entre ciudades. Quienes fueron guerreros se entierran con todas sus armas como elemento diferenciador del resto de los sepultados en la necrópolis. Pero junto a las tumbas monumentales y de ricos ajuares existen bastantes otras, la mayoría en cada cementerio, mucho mas humildes; algunas apenas si poseen ofrendas y otras se limitan incluso a la propia urna cineraria que contiene los restos del difunto. Sin duda ahí están enterrados los Íberos de menos poder social y económico, pero el estatus jurídico de cada uno de los grupos que integran esa clases baja es casi totalmente desconocido: agricultores, ganaderos, artesanos y siervos debieron formar parte de ese grupo social, que obviamente es el más numeroso.